lunes, 7 de noviembre de 2011



La boca bien abierta en la frontera de los sentidos

-casi dolor azul-

acapara todo lo que no se oye ni razona

salvo el antiguo eco inconcluso y migratorio

hoy susurro penitente

de un nombre cualquiera perdido bajo la piel

cicatrizando la memoria de los cuerpos minerales

recogiendo pequeñas semillas carbonizadas.


Tiembla y seduce.



1 comentario:

  1. Todos tenemos un nombre que es una penitencia. Sobre todo si se oculta bajo la piel, ha de ser difícil de expulsar...Un saludo

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